
Finalmente me decidí a escribir para nuestro blog. Debo aclarar que no habían sido falta de ganas (quizá un poco falta de tiempo), mas bien me costó trabajo desempolvar mis recuerdos para hacer mi relato lo mas apegado a la realidad.
Pues bien, he de comenzar preguntándoles si recuerdan el nombre de nuestra maestra de Historia en la Vocacional. – A chingá ¿Tuvimos una materia de historia en la Vocacional? – En efecto nuestra maestra de historia tuvo a bien organizar un paseo escolar a la bella ciudad de Querétaro para tener contacto directo con lugares importantes en la historia de nuestro país. En dicho paseo se suponía que debíamos conocer la casa de los corregidores de Queretaro, la ciudad donde tristemente se firmó el tratado de Guadalupe Hidalgo, el cerrro de las campanas donde se derrocó y fusiló al emperador Maximiliano, el teatro de la República donde se firmó la constitución de 1917 entre otras cosas. La mayoría de nosotros, en ese entonces unos pubertos inquietos, poco sabíamos de la historia ni de lo relevante de esos lugares, a decir verdad íbamos impulsados por un fin común muy diferente: íbamos al desmadre…
La cosa es que ese día salimos muy temprano de la escuela a bordo de dos camiones destartalados y viejos, de esos que se usan para transporte escolar dentro de zonas urbanas. Hasta donde recuerdo, nos fuimos en esos camiones que no eran lo mas seguro pero si lo mas barato, porque el camión oficial de la escuela estaba descompuesto, o no lo prestaron o sabrá dios. Pero las condiciones del viaje no importaban, lo importante es que estábamos todos juntos listos a emprender la aventura sin adultos que nos reprimieran y que el desmadre sería nuestro único guía.
Y como de caricatura, nomas salimos de la ciudad, a unos 60 km después de la caseta de Tepotzotlán, el camión en el que viajaba el 1209 (nuestro grupo) empezó a temblar y a jalonearse, empezamos a perder presión en la cabina, uno de los motores se desprendió y junto con él un ala, algunos asientos se desprendieron como si fueran de papel y luego… y luego… Perdón, me confundí con un capitulo de Lost. Bueno, en nuestro caso el camión solo se descompuso y se tuvo que orillar para hacer “talacha”. Allí en medio de la nada y rodeados de vegetación hicimos nuestro primer descenso pero en lugar de encontrarnos con un sitio histórico nos fuimos en una pequeña lagunita a unos 100mts de la carretera. Algunos nos tomamos fotos de grupo en el lugar, otros (como el buen Daniel Noyola y Beleche) optaron por hacer piruetas en el lodo formado a la orilla de la laguna. No faltó el galancito que se llevo a su morra un poco mas lejos del grupo para tirarle un choro mareador y los que de vez en cuando gritaban ¡¡¡Ya se va el camión…!!! Para ver la cara de susto de los demás. En fin, mas o menos una hora y media después nuestro camión quedó listo para proseguir con nuestra odisea.
Si bien es cierto que camino a Querétaro el camión ya no sufrió ninguna avería, también es cierto que no fue capaz de correr a mas de 60 km/hr, de manera que llegamos a Querétaro mas o menos a la hora de la comida. No puedo hablar en nombre de todo el grupo pero para ese momento yo ya estaba encanijado porque tuvimos la mala fortuna de irnos en el camión gacho. El otro grupo llegó en tiempo e hicieron su recorrido como estaba programado. Lo que pasó entre las 12:00 y las 18:00 hrs no lo recuerdo muy bien, solo se que comimos por ahí y que optamos por deambular por algunas partes del centro sin alejarnos mucho porque nuestro camión de plano no estaba en condiciones de jalar y la maestra prefería que nuestro vehículo guardara su último soplo de vida para el regreso.
Curiosamente lo que si recuerdo son algunos detalles que pasaron en el camión. Por ejemplo que Yeymi nos iba acatarrando continuamente con lo bonito que era Querétaro y de que ella nos iba a enseñar y explicar todo una vez que llegáramos allá puesto que ella era practicamente queretana. Recuerdo también a nuestras compañeras Perla y Erika que aprovechaban el mínimo pretexto para abrazarse de Beleche (y eso me daba unos celos que no vean, ja, ja), la verdad es que con eso agarraba de botana a Beleche. Recuerdo también a Armando en su faceta de Jim Morrison o Enrique Bumburi acostadito en el regaso del dueto dominó (Bárbara y Vanessa)
Para el regreso sin embargo, el último soplo de vida del camión no fue mas que un suspirito, porque a la mitad del camino nuevamente nuestro troncomovil se paró… y esta vez fue para siempre. De manera que nos encontramos ahí, en medio de la oscuridad y de la nada (claro había muchos carros en la carretera, pero eso y nada es lo mismo). Para muchos eso de estar parándonos a cada rato dejó de ser divertido y por la mente de la mayoría de nosotros pasó la imagen de preocupación de nuestros padres pues les habíamos dicho que estaríamos de regreso a las 8 de la noche y ya eran las 9 y estábamos muy lejos de saber siquiera una hora estimada de arribo. En eso estábamos cuando de repente, se apareció un ángel enviado del cielo o tal vez solo fue un microbusero abusivo que vió en nosotros la oportunidad de sacar provecho a un viaje que de cualquier manera tenía que hacer. Sea cual sea la explicación se orilló un individuo que amablemente se ofreció a darnos ride a cambio de una módica cantidad. No recuerdo el monto pero creo que lo que hubiera sido valía la pena para que nos llevaran a la civilización. Nuevamente recobramos el buen humor, y no nos importó ir como sardinas en un vehículo la mitad de grande que el camión en que viajábamos. Pasada la media noche llegamos a nuestro destino y ahí estaban esperándonos ansiosos un grupo de padres a quienes previamente les habían avisado que por ciertos “problemas técnicos” retrasaríamos un poco nuestra llegada. Lo demás es de imaginarse: algunos corrieron a abrazarse con sus hijos, otros llorando de felicidad, algunos otros reprochandoles a los hijos como su hibiera sido su culpa, en fin… un final feliz.
Yo por mi parte conservo todos esos recuerdos, si bien no muy frescos en mi mente, si muy vivos en mi corazón, porque fue en ese primer viaje donde consolidé los lazos que me unirían desde entonces y para toda la vida con mis compañeros de la vocacional a quienes hasta la fecha considero mis mejores amigos.
P.D. Aura tu no fuiste al viaje, pero también eres de mis cuadernos de doble raya.
Pues bien, he de comenzar preguntándoles si recuerdan el nombre de nuestra maestra de Historia en la Vocacional. – A chingá ¿Tuvimos una materia de historia en la Vocacional? – En efecto nuestra maestra de historia tuvo a bien organizar un paseo escolar a la bella ciudad de Querétaro para tener contacto directo con lugares importantes en la historia de nuestro país. En dicho paseo se suponía que debíamos conocer la casa de los corregidores de Queretaro, la ciudad donde tristemente se firmó el tratado de Guadalupe Hidalgo, el cerrro de las campanas donde se derrocó y fusiló al emperador Maximiliano, el teatro de la República donde se firmó la constitución de 1917 entre otras cosas. La mayoría de nosotros, en ese entonces unos pubertos inquietos, poco sabíamos de la historia ni de lo relevante de esos lugares, a decir verdad íbamos impulsados por un fin común muy diferente: íbamos al desmadre…
La cosa es que ese día salimos muy temprano de la escuela a bordo de dos camiones destartalados y viejos, de esos que se usan para transporte escolar dentro de zonas urbanas. Hasta donde recuerdo, nos fuimos en esos camiones que no eran lo mas seguro pero si lo mas barato, porque el camión oficial de la escuela estaba descompuesto, o no lo prestaron o sabrá dios. Pero las condiciones del viaje no importaban, lo importante es que estábamos todos juntos listos a emprender la aventura sin adultos que nos reprimieran y que el desmadre sería nuestro único guía.
Y como de caricatura, nomas salimos de la ciudad, a unos 60 km después de la caseta de Tepotzotlán, el camión en el que viajaba el 1209 (nuestro grupo) empezó a temblar y a jalonearse, empezamos a perder presión en la cabina, uno de los motores se desprendió y junto con él un ala, algunos asientos se desprendieron como si fueran de papel y luego… y luego… Perdón, me confundí con un capitulo de Lost. Bueno, en nuestro caso el camión solo se descompuso y se tuvo que orillar para hacer “talacha”. Allí en medio de la nada y rodeados de vegetación hicimos nuestro primer descenso pero en lugar de encontrarnos con un sitio histórico nos fuimos en una pequeña lagunita a unos 100mts de la carretera. Algunos nos tomamos fotos de grupo en el lugar, otros (como el buen Daniel Noyola y Beleche) optaron por hacer piruetas en el lodo formado a la orilla de la laguna. No faltó el galancito que se llevo a su morra un poco mas lejos del grupo para tirarle un choro mareador y los que de vez en cuando gritaban ¡¡¡Ya se va el camión…!!! Para ver la cara de susto de los demás. En fin, mas o menos una hora y media después nuestro camión quedó listo para proseguir con nuestra odisea.
Si bien es cierto que camino a Querétaro el camión ya no sufrió ninguna avería, también es cierto que no fue capaz de correr a mas de 60 km/hr, de manera que llegamos a Querétaro mas o menos a la hora de la comida. No puedo hablar en nombre de todo el grupo pero para ese momento yo ya estaba encanijado porque tuvimos la mala fortuna de irnos en el camión gacho. El otro grupo llegó en tiempo e hicieron su recorrido como estaba programado. Lo que pasó entre las 12:00 y las 18:00 hrs no lo recuerdo muy bien, solo se que comimos por ahí y que optamos por deambular por algunas partes del centro sin alejarnos mucho porque nuestro camión de plano no estaba en condiciones de jalar y la maestra prefería que nuestro vehículo guardara su último soplo de vida para el regreso.
Curiosamente lo que si recuerdo son algunos detalles que pasaron en el camión. Por ejemplo que Yeymi nos iba acatarrando continuamente con lo bonito que era Querétaro y de que ella nos iba a enseñar y explicar todo una vez que llegáramos allá puesto que ella era practicamente queretana. Recuerdo también a nuestras compañeras Perla y Erika que aprovechaban el mínimo pretexto para abrazarse de Beleche (y eso me daba unos celos que no vean, ja, ja), la verdad es que con eso agarraba de botana a Beleche. Recuerdo también a Armando en su faceta de Jim Morrison o Enrique Bumburi acostadito en el regaso del dueto dominó (Bárbara y Vanessa)
Para el regreso sin embargo, el último soplo de vida del camión no fue mas que un suspirito, porque a la mitad del camino nuevamente nuestro troncomovil se paró… y esta vez fue para siempre. De manera que nos encontramos ahí, en medio de la oscuridad y de la nada (claro había muchos carros en la carretera, pero eso y nada es lo mismo). Para muchos eso de estar parándonos a cada rato dejó de ser divertido y por la mente de la mayoría de nosotros pasó la imagen de preocupación de nuestros padres pues les habíamos dicho que estaríamos de regreso a las 8 de la noche y ya eran las 9 y estábamos muy lejos de saber siquiera una hora estimada de arribo. En eso estábamos cuando de repente, se apareció un ángel enviado del cielo o tal vez solo fue un microbusero abusivo que vió en nosotros la oportunidad de sacar provecho a un viaje que de cualquier manera tenía que hacer. Sea cual sea la explicación se orilló un individuo que amablemente se ofreció a darnos ride a cambio de una módica cantidad. No recuerdo el monto pero creo que lo que hubiera sido valía la pena para que nos llevaran a la civilización. Nuevamente recobramos el buen humor, y no nos importó ir como sardinas en un vehículo la mitad de grande que el camión en que viajábamos. Pasada la media noche llegamos a nuestro destino y ahí estaban esperándonos ansiosos un grupo de padres a quienes previamente les habían avisado que por ciertos “problemas técnicos” retrasaríamos un poco nuestra llegada. Lo demás es de imaginarse: algunos corrieron a abrazarse con sus hijos, otros llorando de felicidad, algunos otros reprochandoles a los hijos como su hibiera sido su culpa, en fin… un final feliz.
Yo por mi parte conservo todos esos recuerdos, si bien no muy frescos en mi mente, si muy vivos en mi corazón, porque fue en ese primer viaje donde consolidé los lazos que me unirían desde entonces y para toda la vida con mis compañeros de la vocacional a quienes hasta la fecha considero mis mejores amigos.
P.D. Aura tu no fuiste al viaje, pero también eres de mis cuadernos de doble raya.


